POV Adrián
—¡Olivia! —grité al aire de la habitación vacía, apretando los puños hasta que mis nudillos crujieron—. ¡Qué carajos estás haciendo! ¡Si tan solo supieras que tu amante soy yo!
La frustración me quemaba la garganta.
La ironía de la situación era insoportable: ella estaba huyendo de mí para buscarme a mí, sin saber que el hombre que la hizo vibrar la noche anterior, oculto tras una máscara en la penumbra, era el mismo esposo al que ahora despreciaba.
La amargura de sus palabras en la