POV Azkarion
El silencio que siguió a su demanda fue tan pesado que pareció aplastar el aire de la habitación, convirtiéndolo en un plomo invisible que se instaló en mis pulmones.
Me quedé helado. Mi mente, siempre ágil para la estrategia, se bloqueó ante la magnitud de la extorsión.
Era una jugada maestra de una crueldad exquisita. Miré a Olivia y, por primera vez, sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con los negocios.
—¿Sabes lo que estás pidiendo, Olivia? —le pregunté. Mi voz no era