Azkarion apretó tanto la mandíbula y el puño que tuve la sensación, tan real que me estremeció, de que algo dentro de él estaba a punto de romperse.
No era solo enojo; era algo más profundo, más oscuro, algo que se filtraba por cada fibra de su ser.
Era una furia contenida, espesa y peligrosa, como un río subterráneo listo para desbordarse.
Incluso antes de que hiciera cualquier movimiento, podía sentir esa presión invisible que me oprimía el pecho y me helaba la sangre al mismo tiempo. Su prese