Esa mujer bailaba con Azkarion.
No era un baile inocente ni casual. Era una exhibición.
Se le pegaba como una lapa, sin el menor atisbo de pudor, marcando cada movimiento con una intención descarada, casi provocadora.
Su cuerpo se amoldaba al de él con una naturalidad insultante, como si tuviera derecho, como si ese espacio le perteneciera desde siempre.
Sus manos se deslizaban por su pecho, por sus hombros, bajaban apenas lo suficiente para que todos lo notaran, para que nadie dudara de sus int