Apenas me cubrí con la toalla, temblando de nervios y deseo, tratando de recuperar el control sobre mi respiración.
—¡Azkarion! —exclamé, mi voz temblaba entre reproche y sorpresa—. ¿Qué estás haciendo?
Él sonrió, esa sonrisa suya, cínica y segura, capaz de hacer temblar hasta al corazón más firme. Una sonrisa que no buscaba suavizar nada, sino desafiarme directamente.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz baja y provocativa—. ¿Acaso no puedo hacerlo? Es solo un masaje. Solo un pequeño juego de piel y m