POV Akron
—¿Cómo te atreves, padre?
La rabia me quemaba el pecho como fuego vivo, una llamarada contenida durante años que por fin encontraba salida.
Sentí el aire volverse espeso, casi irrespirable, y la sangre rugiéndome en los oídos como si mi propio cuerpo estuviera harto de callar.
Emma temblaba a mi lado. Lo noté en la forma en que sus dedos apretaban el cheque, ese rectángulo de papel frío que mi padre había extendido con arrogancia, convencido de que el dinero podía borrar culpas, compra