POV Ainoha
El silencio del despacho era una losa pesada, un vacío que retumbaba con el eco de mis propios pensamientos.
Me quedé allí, de pie tras el escritorio de caoba, sintiendo que las paredes se cerraban sobre mí.
Mi mente no era más que un laberinto de espejos distorsionados, una trampa de la que yo misma había tirado la palanca.
Me miré las manos; temblaban.
Eran las manos de una mujer que amaba tanto que había decidido destruirse a sí misma con tal de darle a él lo que el destino nos ne