Me quedé contemplando el vacío por un instante, asimilando lo que acababa de suceder.
—Se siente un poco extraño, Seth —admití en voz baja, rompiendo el trance—. Ya me acostumbré por completo a este poder que corre por mis venas, pero… ¿realmente crees que los demás me acepten como su gobernante?
Miré mis manos, esas mismas manos que acababan de detener el corazón del tirano, y un leve temblor de incertidumbre me recorrió los dedos.
Pasar de ser una omega rechazada a la figura de máxima auto