Por la mañana, los Tarkuts cruzaron las murallas de la ciudadela en dos carretas. Las cuadrillas de limpieza organizadas por el rey habían ido a depositar sacos con cenizas lejos de la ciudad, cerca de las colinas. Los cargaron hasta llenar ambos transportes y fueron hasta el río que, en su cauce, alimentaba el territorio de los Dumas. Allí vertieron los sacos, envenenando el agua. Y luego sólo esperaron.
Pero ocurrió lo inesperado.
En la ciudadela, un bebé fue el primero en morir. A él le sigu