Al amanecer, una caravana humana avanzaba hacia el Paso del alba, con Camsuq y Magak en el centro.
—¿Nervioso, Magak? Esas bestias olfatean tu miedo, no les des en el gusto.
—Yo no tengo la sangre tan fría como tú, Camsuq. En tu tardanza, llegué a pensar que tendría que convertirme en general.
Las carcajadas de Camsuq no hicieron mucho por tranquilizarlo.
—Eso será cuando yo sea rey, Magak y aún falta todavía. Tenemos que sobrevivir primero.
El capitán inhaló profundamente, asintiendo.
—Si