Reggins, obedeciendo las órdenes de su amigo y jefe, inyectó suero para rehidratar a Elizabeth, seguido de glucosa y algunos medicamentos para estabilizar su estado.
—Va a estar bien, Xavier. Logramos actuar a tiempo —dijo Reggins, acomodándose en una silla junto a la cama principal.
—¿Y ahora?
—Esperar a que despierte —resopló el doctor, recostando la cabeza con un suspiro de agotamiento.
Xavier comenzó a caminar nerviosamente por la habitación, vigilando cada movimiento de Elizabeth. Sin