Era evidente que no hay manera de persuadirlo, cuando disfruta mucho de eso. Por lo que, dejo que me ayude a vestir y con una camilla rota, esperamos al doctor. Sin embargo, nadie pude entrar por el olor y es por ello, que abrimos las pequeñas ventanas con el fin de que el olor no se concentre.
Jareth está en el teléfono y yo miro hacia la camilla, donde no encuentro una solución para arreglar la camilla completamente aplastada por mi peso. Algo que me avergüenza mucho y por ello, solo sonrío n