Me avergüenzo de lo que dice hasta que llegamos a la empresa, pero, no puedo decirle algo al respecto, porque eso parece divertirle. Como también le divierte tocar mi pierna mientras conduce. Algo que me ruboriza y según percibo, aumenta el olor que se desprende de mi cuerpo.
—Creo que las cosas van a funcionar, esposa— dice Jareth.
—Sí, gracias a tu ayuda en mantener el aroma con mucha fuerza— digo con sarcasmo.
—No tienes que agradecerme, me tomo en serio mi papel como tu esposo y hombre con