Mundo ficciónIniciar sesiónLlegamos a la tarima y no me asusto por el ruido y los flashes, porque estoy concentrada en la mirada cargada de mucho deseo de mi esposo. Se ve fuerte, grande e intimidante para todos el que este así, pero, a mí me derrite.
Porque sé que puedo hacer para que esa mirada tenga la satisfacción que exige. Sonrío en complicidad porque sé que está pensando lo mismo que yo y rompo nuestro contacto visual, para mirar a los periodistas.






