—¿Qué mierda es esto? —gruñó entre dientes, su voz baja pero cargada de una violencia apenas contenida.
Intenté retroceder, pero no había escapatoria. Estaba acorralada, y la energía en la habitación se sentía como una tormenta a punto de estallar.
—Es solo un mensaje... no tiene importancia —traté de explicar, aunque mi voz temblaba. Sabía que cualquier cosa que dijera lo enfurecería más.
Él no escuchaba. Sus ojos verde esmeralda estaban clavados en la pantalla, y su mandíbula se tensaba cada