Elijan me había pedido que pasara por su oficina cerca del mediodía. Era un día soleado, pero yo solo sentía un nudo en el estómago, ansiosa por la charla que tendríamos sobre lo que debía declarar en la audiencia por la custodia. Sabía que necesitaba su apoyo, pero también temía lo que pudiera suceder en esa conversación.
Cuando llegué a su oficina, tomé un respiro profundo antes de entrar. La puerta estaba entreabierta, y decidí asomarme, esperando encontrar a Elijan preparado para discutir