La mujer del Cóndor: 25. No puedo dejarte ir.
Regina
No podía creer que había logrado seguirlo. Mi corazón latía con fuerza mientras bajaba del taxi y me escabullía tras él, con el sigilo de alguien que no quiere ser descubierto. Lo seguí hasta una vieja bodega, un lugar que parecía sacado de una pesadilla. Cuando abrí ligeramente la puerta, el hedor a metal oxidado y madera húmeda me golpeó como una bofetada.
Ahí estaba él, mi Michael, mi supuesto protector, de pie frente a un hombre amarrado a una silla con la cabeza cubierta. Las he