La mujer del Cóndor: 24. No puedo perderla
Michael Foster
Regina está actuando extraño desde anoche. Ayer en la tarde no se despegaba de mí; me abrazaba, reía, parecía más abierta, más mía. Pero ahora está rígida, como si algo la tuviera preocupada.
Me desperté con el deseo de besarla, como siempre. Sus labios son mi debilidad, y no pude resistirme. Me incliné hacia ella, dejando pequeños besos sobre su boca. Al principio, no se apartó, pero tampoco respondió. Sus labios estaban ahí, quietos, fríos.
—¿Estás bien, rubia? —le susurré cont