Elijan Morgan
Tenía al miserable frente a mí, su rostro ensangrentado y su sonrisa burlona alimentaban mi furia. No me había cansado de golpearlo, no después de todo lo que le había hecho a mi mujer, a mi Alexa. Él la había abusado, la había lastimado de maneras que no podía perdonar ni olvidar. Había arrancado tres años de mi vida, tres años de distancia entre mis hijos y yo. Y aún así, ese infeliz seguía riéndose, como si su vida no estuviera pendiendo de un hilo.
—¿De qué mierda te ríes? —le