Capítulo 36. El cielo nublado
ELENA
—Maelis, ¿puedo irme a casa? Solo… necesito descansar.
—Claro que sí, Elena. Ve y descansa. Pero cuando estés lista… habla con Lycan.
Asentí, aunque no estaba segura de tener fuerzas para enfrentarlo. Tomé mi bolso, y salí por la puerta trasera sin mirar atrás.
El cielo, que hasta hacía poco estaba gris, se había rendido. Las primeras gotas comenzaron a caer justo cuando crucé la calle.
Dejé que la lluvia me empapara, y que se mezclara con mis lágrimas que ya no podía contener. Caminé