Traidores en la Manada
-No tienes idea de lo que acabas de hacer -Murmuró Helena con voz tensa, un hilo cargado de furia contenida. -Pero te juro que vas a pagar cada segundo este atrevimiento.
Damiela se encogía junto a la pared, temblando, apenas logrando balbucear palabras que nadie escuchaba ni se molestaba en entender. Sus ojos saltaban entre la escena y la puerta, demasiado aterrada para moverse, demasiado arrepentida para fingir indiferencia.
Fue entonces que pasos rápidos se escucharon