Quitar del talbero
-¿Y qué ganaste con eso? -La voz de su padre no tenía gritos. La mirada severa sobre el escritorio era suficiente para que cualquier otro se derrumbara.
Gema, sin embargo, no era “cualquiera”.
Sentada con elegancia, cruzó las piernas con calma y dejó que sus dedos pasearan con indiferencia por el borde de la copa vacía que tenía frente a ella.
-No todo movimiento necesita un beneficio inmediato. -Respondió con tranquilidad, como si hablara del clima.- A veces, lo que importa