Capítulo 42: El precio de un sueño
La oficina de Adrián, era un santuario de orden y eficiencia, se sentía extrañamente cálida con la presencia de Violet.
El sol que entraba por la ventana reflejaba las insignias brillantes en su uniforme y el brillo de la pulsera en la muñeca de ella.
Él la había guiado hasta su gran escritorio de caoba, donde la había sentado en la silla principal, como si fuera una reina, aunque para él sí lo era.
—Ahora sí, mi amor —dijo Adrián, apoyándose en el borde del