Jaqueline
Después de la pregunta de Alexandre, las mujeres se encogieron como si intentaran desaparecer dentro de sus propios vestidos de alta costura.
—N-no… ninguno. —Balbuceó Raissa, intentando disimular el malestar.
—Excelente. —Respondió Alexandre sin cambiar el tono, aunque con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. Porque cualquier problema con ella… es un problema directo conmigo. —Dijo, rodeando mi cintura con delicadeza sin desviar la mirada de las dos.
El silencio de ambas era casi