Alexandre
Jaqueline estaba allí, frente al espejo, vestida solo con una lencería roja de encaje que parecía haber sido diseñada para ella. La visión de su cuerpo moldeado en curvas delicadas, envuelto por la delicadeza de las piezas, me dejó sin aliento. Una obra de arte viva hecha de piel morena, deseo y algo que ni siquiera yo, con todas las palabras que conozco, sabría nombrar. Me quedé paralizado, hipnotizado.
¿Mi voluntad? Tomarla ahí mismo. Besar cada centímetro de ese cuerpo, escuchar su