Jaqueline
Me quedé paralizada cuando escuché la voz inconfundible de Alexandre. Firme, grave y posesiva. El viento frío de la madrugada hizo que mi piel se arrepiara. Me giré despacio y mis ojos encontraron los suyos. Mi corazón aceleró y mi estómago se contrajo. Una avalancha de emociones invadió mi mente.
Yo quería huir. Quería correr. Más que nada… quería correr hacia él.
Confusión. Rabia. Deseo. Miedo. Todo revuelto dentro de mí.
Con su manera mandona de siempre, acostumbrado a dar órdenes