Estevão
El coche ya estaba encendido y el chofer nos esperaba. El aire estaba ligero, lleno de esa alegría dulce que llegó después de nuestro gran día.
Helena fue la primera en abrazarnos, con los ojos húmedos y una sonrisa orgullosa.
— Cuídense, mis amores. Y disfruten cada minuto. —Acarició el rostro de Malu, como si aún le costara creer que la niña se había convertido en mujer y estaba casada.
Malu, riendo y llorando al mismo tiempo, abrazó fuerte a su tía.
— Te llamo en cuanto lleguemos, lo