58. ¿Hay algo que debería saber?
Selene terminó a un costado del jardín, lejos de las miradas de los invitados, su estómago protestó cuando intentó serenarse, pero no pudo y perdió la batalla. Las arcadas se escucharon y Frederick tuvo que mirar atrás para estar seguro de que nadie lo seguía.
—Selene —la llamó.
—Lo siento, no puedo contenerme —masculló ella con el rostro rojo y los labios pálidos por el vómito.
—No te disculpes, cariño. Es culpa mía, debí advertir que no te sirvieran vino esta noche —refutó, arrodillándose pa