12. Deseo culposo
Un pensamiento prohibido la atravesó como una flecha, ahora nacía en su interior el deseo de saber cómo sería un beso semejante, pero en los labios de Henry. Sacudió su cabeza alejando ese pensamiento insano y se fue al baño, para lavar su rostro con un poco de agua, que siempre mantenían las doncellas, lista para ella.
¿En qué locura estaba pensando? Un beso no podía dejarla tan mal, ¿cierto? Ella no era así, no era una mujer que fantaseaba, no era santa, pero tampoco una desvergonzada. Sin e