Julián sostuvo mi mirada unos segundos más antes de acercarse lentamente a la cama otra vez. La luz cálida del atardecer entraba por las ventanas de la habitación y marcaba todavía más las sombras de cansancio sobre su rostro. Honestamente parecía agotado, pero aun así seguía manteniendo esa presencia firme que hacía sentir que nada podía moverse en el rancho sin que él lo permitiera.
—Vas a tener que acostumbrarte a esto —dijo finalmente.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿A qué exactamente?
Él apo