Julián se detuvo completamente frente a mí apenas escuchó la pregunta.
La tensión le atravesó el rostro de inmediato.
Detrás de él, Raúl seguía abajo en la sala con una mano dentro del bolsillo del pantalón y el cigarro apagado entre los dedos. Levantó apenas la mirada hacia nosotros, pero no dijo absolutamente nada.
Y ese silencio fue muchísimo peor.
Porque confirmaba que sí había algo.
Algo que no querían decirme.
Apreté más fuerte la baranda de las escaleras intentando ignorar el dolor sordo