El viaje desde la pequeña casa de Daniela hasta las tierras de Raúl se hizo en un silencio denso, roto únicamente por los comentarios ocasionales de Emma desde el asiento trasero de la camioneta. La niña se había encargado de acomodar a su muñeco Jack en sus piernas y miraba por la ventana cómo el paisaje urbano iba desapareciendo para dar paso a las inmensas llanuras verdes, los cercados de madera y las siluetas de los cerros que custodiaban el rancho de su padre. Raúl manejaba con la vista fi