—Señorita Arya, cuando termine la hija del jefe la espera en la sala.
—Justo vamos a empezar las terapias.
Revuelvo los cabellos de Celeste mientras me excusó para bajar.
No tengo ni idea de lo que quiere Tamara, si no quiero problemas debo mantener la calma.
El ambiente en la mansión había pasado de ser un campo de batalla a un extraño oasis de calma, una extraña calma.
Tras la expulsión de Adrián, Celeste había adoptado una actitud que no terminaba de encajar con su historial de desprecio.
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