—Arya, ven conmigo al despacho. —Gael se mostró serio.
Apenas y le dio un beso en la mejilla a la pequeña Celeste.
No me preocupé por nada, desde que él había resuelto ese problema de las acciones, Adrián ya no iba de visita a la mansión y Tamara no me molestaba.
La atmósfera era de paz y atracción entre nosotros, esa tarde cuando lo acompañé al estudio no imaginé lo que me diría.
—Arya, te dije que sería a tu modo, quiero que confíes en mí, mis intenciones contigo….
—Al grano, señor Altamirano