Arya.
En el instante en que el avión privado tocó la pista del aeropuerto, el oasis de paz que había construido en Zúrich se evaporó como si nunca hubiera existido.
Las caminatas temblorosas de Máximiliano aferrado a su andador y las risas de James en el jardín trasero quedaron rezagados ante el despertar de Gael.
Tomé un taxi de la calle para llevar las maletas a la mansión, las dejé en la sala y le ordené al chofer que me llevara a la clínica.
Durante todo el trayecto hacia, el paisaje de