Arya.
La operación había durado casi nueve horas; en las que me comí las uñas en la sala de espera, viendo el segundero del reloj avanzar con la lentitud de una tortuga.
Llamé a la niñera para saber de mi pequeño, ya se había dormido.
Cada vez que un médico del quirófano me levantaba a ver si traían a Maximiliano.
La operación fue un éxito, el doctor Suárez no nos había mentido: el tejido nervioso había respondido al estímulo.
Ahora todo dependía de la terapia que le iban a hacer, horas des