Arya.
—Quiero que seas mi mujer de verdad. ¿O esperas a que el padre de tu hijo despierte para dejarme?
Esa última frase de Maximiliano fue el quiebre definitivo.
Los dos sabíamos lo que significaba. El secreto de la paternidad del niño, que llevaba tres años muy olvidado sin que ninguno de los dos lo mencionara, salió a flote.
Maximiliano nunca me lo sacaba en cara ni me hacía preguntas incómodas, pero su cerebro analítico lo sabía: Yo amaba a Gael Altamirano todavía.
No pude evitar sentirme