Arya.
—¿Ha llamado mi padre?
Me miró a los ojos y me pareció lógico decir la verdad. Si quiero iniciar una nueva vida, debe ser libre de mentiras.
—Sí, Maximiliano. Tu padre llamó a tu teléfono.
—¿Qué te dijo?
—A mi nada, yo no me atreví a hablar. Lo escuché disculparse contigo.
Él cerró los ojos con fuerza, soltando un largo suspiro alivio. Su mano sujetó la mía con suavidad.
—¿Disculparse por qué?
—Él piensa que estás molesto porque no asistió a nuestra boda. No sabe que nos hizo un bien.