Arya.
—¡Maximiliano! —Ese grito me raspó la garganta.
Lo levanté con suavidad, para ver su rostro. Tenía la mandíbula apretada y el rostro más pálido.
Emitió un quejido doloroso y abrió los ojos, sus pupilas estaban dilatadas, me pareció que era el final.
—Me muero, Arya. No te puedo cumplir la…
—No hables, yo te voy a llevar al hospital.
Con las lágrimas desbordadas y mis manos temblorosas saqué el celular de mi bolso.
Marqué el número de emergencia, ese minuto me pareció eterno.
Podía oír e