Arya.
—Señora, la condición de su esposo es delicada, perdió mucha sangre.
El médico escribió algo en su carpeta, se iba a dar vuelta y me interpuse en su camino.
—¡Salvelo doctor! Se lo ruego.
Mis manos se aferraron con fuerza a la bata del médico, con tanta desesperación que él me apartó las manos sin ser rudo.
—Hicimos todo lo posible, ahora todo depende de su resistencia.
—Mi esposo es muy joven, tiene toda una vida por delante. —Susurré mientras me tambaleaba.
La cabeza me daba vueltas