Arya.
—Estoy embarazada. Ya lo sabes.
Respiré aliviada al soltar el peso de ese secreto. Maximiliano en cambio parecía ofuscado.
Le lanzó una mirada de reproche a su madre.
—Mamá... ¿tú sabías esto? Ya te notaba misteriosa.
La señora Anna levantó la cabeza. Sus ojos cansados de cargar con los secretos de la dinastía, se llenaron de lágrimas.
Se limpió una mejilla con el dorso de la mano.
—Sí, hijo. Pero el secreto no me pertenecía. Ella estaba desesperada, asustada. Yo solo pensé en el bienest