Arya.
Tamara desmayada en el suelo, Adrián tratando de reanimarla y la gente murmurando, era todo un espectáculo.
Atados por el chismes, ninguno de los invitados se había retirado del lugar. Contenían el aliento, expectantes del desenlace.
Me serví otra copa de champaña y la tomé de un sorbo, mientras una satisfacción oscura me invadía.
Adrián fue el primero en reaccionar. Su rostro, habitualmente cínico y calculador, lucía muy pálido, vi la rabia y el miedo en su mirada.
Cuando se arrodilló