Arya.
—Querida nuera, parece que estoy más emocionada que tú.
La señora Anna revisaba con dedos expertos los encajes de un vestido de alta costura.
La boda era un hecho, no había mucho tiempo para grandes celebraciones.
Con mi suegra organizaba una boda acelerada, un matrimonio exprés que justificara ante la alta sociedad mi embarazo.
Yo permanecía sentada en un diván, sosteniendo una taza de té que ya se había enfriado.
Mi mirada estaba fija en la nada, completamente ajena al despliegue de