Arya.
Apreté con fuerza el bolígrafo, miré al funcionario del registro civil, esperando mi firma.
Mi segundo matrimonio se siente de lo más simple, un simple trámite.
Solté un dramático suspiro y firme de una vez. Todo lo contrario de Maximiliano que firmaba el acta matrimonial con la caligrafía firme, una sonrisa plena en su rostro.
Sus dedos rozaron los míos al devolver la pluma, y esa chispa de calor prohibido fue suficiente para recordarme por qué estaba vendiendo mi alma.
Detrás de noso