Arya.
Me deslicé de espaldas contra los azulejos fríos de la pared del baño hasta quedar sentada en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho.
Seguía mirando la prueba de embarazo, en shock. Una primera lágrima me resbaló por la mejilla, seguida de un sollozo ahogado que no pude contener.
Crucé los brazos sobre el vientre en un gesto puramente instintivo, un reflejo de protección que nació desde lo más profundo de mi ser.
Lloré con una intensidad que me sacudió, pero no era un llanto nacid