POV Arya
Debía estar muy desesperado para conducir de ese modo.
Maximiliano respetaba los límites, medía las distancias y jamás se exponía al ridículo de una escena pública.
El hombre que iba al volante de ese coche ya no era mi prometido perfecto. Era un depredador que veía cómo su mayor activo se le escapaba entre los dedos.
—¡Deténgase! ¡Por favor, deténgase aquí mismo! —le grité al conductor, con las manos apoyadas en el respaldo de su asiento, temblando de susto.
El taxista puso las luce