Liam estaba frente a mí, y no podía apartar mis ojos de su rostro impecable, tan frío como siempre. Sentía la rabia ardiendo en mi pecho. No podía creerlo: él había llevado a Rayner a la boda, sabiendo todo. Sabía que yo era su prometida prófuga, que cada movimiento estaba lleno de riesgo, y aun así… aun así lo hizo.
—Cecilia… —comenzó, su voz baja y serena, como si cada palabra estuviera calculada para calmarme—. Las cosas se salieron de control. No deberías tomártelo tan a pecho.
Mi respiraci