El sol brillaba alto en el cielo cuando Aslin se estiró en el sofá, observando a los tres pequeños durmiendo en sus cunas. La mansión estaba en completo silencio, un raro milagro cuando se tenía tres bebés en casa.
—¿Qué te parece si damos un paseo? —propuso Carttal, inclinándose sobre ella y dejando un beso en su mejilla.
Aslin entrecerró los ojos con sospecha.
—¿Un paseo? ¿Con tres bebés?
—Sí. Hemos estado encerrados aquí demasiado tiempo. El aire fresco nos vendrá bien.
La idea sonaba maravi