El momento de elegir los nombres había llegado, y la tensión en la habitación era real. Carttal y Aslin estaban sentados en la cama, con los tres pequeños dormidos en la cuna improvisada junto a ellos. Ethan, que se había convertido en un espectador involuntario de la escena, estaba recostado en una silla con una taza de café en la mano.
—Bien —dijo Carttal, entrelazando sus dedos mientras miraba a los bebés—. Necesitamos nombres fuertes, con carácter. Algo que imponga respeto.
Aslin arqueó una