Lorenzo Velardi
Los días que siguieron al incidente en la biblioteca no fueron solo largos, fueron una travesía silenciosa entre lo que no se dice y lo que se siente con demasiada fuerza.
Para Lorenzo, fue como caminar sobre arenas movedizas. Cada paso dado en el intento de ignorar a Isabella solo lo hundió más en la incómoda realidad de que ella ya estaba en su sangre. Era una prueba, un castigo, una confrontación con todo lo que ha pasado su vida negándose a afrontar.
Para Isabella, por otro lado, los días parecían una eterna repetición de ausencias. No faltaba comida, ni trabajo, ni palabras educadas. Faltaba presencia. Faltaba aquello que nunca existió de hecho, pero que, por instantes robados, ella creyó haber sentido: la posibilidad de ser vista. Deseada no solo por el cuerpo, sino por el alma entera.
Lorenzo, como siempre hacía cuando los sentimientos amenazaban con romper el muro que construyó alrededor de su propio pecho, se retiró. Y esta vez, no fue un simple paso atrás. F